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Los signos de Lourdes

La roca

Tocar la roca representa el abrazo de Dios, firme como la roca. Repasando la historia, nos damos cuenta de que las grutas han servido siempre de refugio natural y marcado la imaginación de los hombres. Aquí en Massabielle, como en Belén y en el sepulcro de Getsemaní, la roca de la Gruta también ha albergado lo sobrenatural. Bernardita lo sabía instintivamente, sin haber estudiado nunca. "Era mi cielo", decía ella de esta Gruta. Ante esta masa rocosa, estamos todos invitados a entrar en el interior; vean como ha pulido la roca, reluciente del frote de millares de caricias. Al pasar, tomen tiempo para mirar la fuente inagotable, en el fondo a la izquierda.

La luz

Cerca de la Gruta, miles y miles de velas arden continuamente ante la Gruta desde el 19 de febrero de 1858. Ese día, Bernardita llegó a la Gruta con una vela bendecida que tuvo encendida en sus manos hasta el final de la aparición. Antes de marcharse, la Virgen María le pide que deje que se consuma la vela en la Gruta. Las velas ofrecidas por los peregrinos están ardiendo día y noche. Cada año, unas 700 toneladas de velas arden ante la Gruta por usted y por los que no pudieron acudir allí. Por otra parte, el signo de la luz está presente en todas partes en la Historia Sagrada. Los peregrinos y visitantes de Lourdes en procesión con una vela en la mano expresan la esperanza.

El agua

"Vaya a beber y a lavarse en la fuente", esto es lo que la Virgen María pidió a Bernardita Soubirous el 25 de febrero de 1858. El agua de Lourdes no es agua bendita. Es un agua banal. No tiene ninguna virtud terapéutica o propiedad específica. La popularidad del agua de Lourdes nació de los milagros. Las personas curadas se aplicaron, o bebieron el agua de la fuente. Bernardita Soubirous dijo: “Toman esa agua como si fuera un medicamento... Hay que tener fe, hay que rezar: ¡esta agua no tendría ninguna propiedad sin la fe!”. El agua de Lourdes es el signo de otra agua, la del bautismo.

Las multitudes

Desde hace cerca de 150 años, las muchedumbres acuden a la cita, procedentes de todos los continentes. En la primera aparición, el 11 de febrero de 1858, Bernardita está acompañada solamente por su hermana Toinette y por una amiga, Jeanne Abadie. Pocas semanas después, Lourdes es conocida ya como la "ciudad de los milagros". Centenares y luego millares de curiosos acuden de los alrededores. Después del reconocimiento oficial de las Apariciones por la iglesia en 1862, se empiezan a organizar las primeras peregrinaciones locales. Los primeros años del siglo XX, la irradiación adquiere dimensiones mundiales. Pero es después de la segunda Guerra Mundial cuando las estadísticas entran en una fase de exponente desconocido... Desde abril hasta octubre, todos los miércoles y domingos, a las 9.30h, se celebra una misa internacional en la basílica de San Pío X.

Los enfermos y quienes los acompañan

Lo que más llama la atención al peregrino de Lourdes, y sobre todo al simple visitante, es la presencia de los enfermos en el Santuario. Todos los maltratados por la vida encuentran un consuelo. Oficialmente, son 80.000 los enfermos y discapacitados de todos los países que vienen a Lourdes cada año. A pesar de algunas heridas o enfermedades, uno se siente aquí en un remanso de paz y alegría. Las primeras curaciones de Lourdes tuvieron lugar en el tiempo de las Apariciones. Ya en esta época, algunas personas, conmovidas a la vista de los enfermos, les ofrecieron espontáneamente su ayuda. Son los hospitalarios y hospitalarias. La curación de los cuerpos no puede ocultar sin embargo la curación de los espíritus. Los enfermos como los considerados sanos se encuentran ante la Gruta de las Apariciones, delante de la Virgen María para compartir una oración.