Notre-Dame de Lourdes 2008

Orar

Notre-Dame de Lourdes 2008

Juan Pablo II, en Lourdes en 2004, recordó que Lourdes es un lugar importante de oración: “Aquí la Virgen invitó a Bernardita a rezar el rosario, desgranando ella misma las cuentas. Así, esta gruta se ha convertido en la cátedra de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo. Por eso, Lourdes es el lugar donde oran de rodillas los creyentes de Francia y de muchas otras naciones de Europa y del mundo entero.”

El Avemaría

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

 

La oración del rosario

Los misterios gozosos

La Anunciación - La Visitación - La Natividad - La Presentación de Jesús en el templo - Jesús perdido y hallado en el templo

Los misterios dolorosos

La oración de Jesús en el huerto - La flagelación – La coronación de espinas – Jesús carga con la cruz – La crucifixión y muerte de Jesús

Los misterios gloriosos

La Resurrección – La Ascensión - Pentecostés – La Asunción – La coronación de la Virgen María

Los misterios luminosos

El bautismo de Jesús – Las bodas de Caná – El anuncio del Reino - La Transfiguración – La institución de la Eucaristía

La Novena a Nuestra Señora de Lourdes (11 de febrero)

del 3 al 11 de febrero

  1. Decir cada día la oración de la novena
  2. Recitar un misterio del rosario, seguido por la invocación: “¡Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros!” "¡Santa Bernardita, ruega por nosotros!" "Oh María concebida sin pecado original, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.
  3. Una comunión el 11 de febrero o durante la octava.
  4. Se recomienda una confesión.

Oh María,
que te apareciste a Bernardita en la cavidad de la roca; al frío y a las sombras del invierno, tú les trajiste el calor de tu presencia y el resplandor de tu belleza. Infunde la esperanza, renueva la confianza en el vacío de nuestras vidas, tantas veces sumidas en la sombra, y en el vacío de nuestro mundo, en el que el Mal hace valer su fuerza.
Tú que dijiste a Bernardita “Yo soy la Inmaculada Concepción”: socórrenos, pues somos pecadores.
Danos la fuerza de la conversión, la humildad de la penitencia y la perseverancia de la oración.
Te confiamos todos aquellos que llevamos en el corazón y, en particular, a los enfermos o desesperados, tú que eres “Nuestra Señora del Socorro”.
Tú que llevaste a Bernardita a descubrir el manantial.
Guíanos hacia Aquel que es la fuente de vida eterna, Aquel que nos ha dado al Espíritu Santo para que podamos atrevernos a decir:
Padre Nuestro que estás en los cielos...

La Novena a la Inmaculada Concepción (8 de diciembre)

del 30 de noviembre al 8 de diciembre

  1. Decir cada día la oración de la novena
  2. Recitar un misterio del rosario, seguido por la invocación: “¡Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros!” "¡Santa Bernardita, ruega por nosotros!" "Oh María concebida sin pecado original, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.
  3. Una comunión el 8 de diciembre o durante la octava.
  4. Se recomienda una confesión.

Santísima Virgen María,
creemos que al final de vuestra vida terrestre, fuiste elevada al Cielo en cuerpo y alma, porque eres la Madre de Dios, Inmaculada.
La Santísima Trinidad te ha coronado como Reina y Señora del universo.
Con todos los ángeles y los santos del Cielo, intercedes por nosotros, peregrinos de la tierra, y por las almas de los difuntos que tienen aún necesidad de ser purificados.
Ayúdanos a orientar nuestra vida hacia Dios que tiene un Designio de amor para cada uno de nosotros.
Ayúdanos a orar, a recurrir a los sacramentos de la Iglesia y a hacer el bien, para nuestra verdadera felicidad aquí abajo.
Danos una fe y esperanza inquebrantables en el Amor infinito de Dios, en medio de las luchas y las pruebas inevitables y necesarias de esta vida.
Ya que los sufrimientos del tiempo presente no son nada comparadas a la felicidad que nos espera.
Amén.