«Y postrándose, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra»

Publicado 2 enero 2022 - 10:58

Los Reyes Magos son visitantes que aparecen en un episodio del Evangelio según Mateo. Enterados del nacimiento de Jesús en Belén, vienen «de Oriente», guiados por una estrella, para rendir homenaje al «Rey de los judíos» y traerle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.

¿Qué celebramos el día de Reyes?

Doce días después de la Navidad, la Epifanía celebra la visita de los Magos de Oriente al niño Jesús. Hoy se les conoce como Melchor, Gaspar y Baltasar, tal y como la tradición los nombraba en el siglo VI, lo que perpetuó la idea de que eran tres procedentes de distintos continentes y los convirtió en reyes. En realidad, el episodio inicial relatado por San Mateo, el único evangelista que menciona a estos magos, es extremadamente enigmático y, sobre todo, poco histórico.
La fiesta vino de Oriente, donde se fijó al seis de enero: fiesta de las luces, fiesta del agua, aunque es mucho más, la celebración de la inauguración del ministerio público de Cristo.
En la liturgia latina, donde este día no es festivo, la celebración de esta fiesta está fijada para el domingo más cercano al 6 de enero, para que el mayor número de fieles pueda conmemorarla.

Oro, incienso y mirra: ¿qué significan los regalos que traen los Reyes Magos?

«He aquí el oro: es un rey», escribió San Gregorio Magno en una homilía sobre la Epifanía, antes de continuar: «He aquí el incienso: es un Dios; he aquí la mirra: es un mortal». Las grandes tradiciones espirituales de la antigüedad relacionaban el oro con lo divino. También como atributo de lo divino, el incienso de los Magos saluda a un Dios en el recién nacido del humilde pesebre, más allá de las apariencias engañosas. Al igual que el incienso, la mirra era buscada por las civilizaciones antiguas por su perfume. Utilizado para embalsamar a los muertos, sirvió para preparar los restos mortales de Cristo, como nos cuenta el Evangelio según San Juan.

La Epifanía:  una estrella para la esperanza

El encuentro de los sabios paganos con el Salvador es un primer paso en la gran revolución silenciosa de un Amor sin fronteras, ofrecido a todo ser humano. La estrella que los guía es la que debe brillar en cada una de nuestras vidas, en cada una de nuestras comunidades. Para que nos convirtamos en «portadores de esperanza», en misioneros que avanzan con valentía… Sin detenerse nunca.
Convirtámonos en estos portadores de esperanza y postrémonos ante este Niño Dios. María, en Lourdes, declaró el 25 de marzo de 1858: «Yo soy la Inmaculada Concepción», el día que recibió el anuncio del Ángel que anunciaba la venida de este niño…