El diario de las gracias

Publicado 20 febrero 2020 - 15:01

Además de las curaciones físicas inexplicadas atribuidas a Nuestra Señora de Lourdes reconocidas oficialmente como milagrosas por los obispos de las diócesis donde residen las personas curadas (70 hasta hoy), son muchos los testimonios de gracias recibidas en Lourdes que llegan hasta nosotros. Les dedicamos las siguientes páginas.

Lourdes es mi casa

«Yo nací de Lourdes. Mis padres se conocieron aquí en 1973, cuando estaban de peregrinación con la Suiza francesa. Después mi padre se comprometió como hospitalario y mi madre en la coral.
El año en que cumplí 20 años mis padres me ofrecieron una peregrinación a Lourdes, en el grupo de jóvenes de la Suiza francesa. ¡Me afectó mucho lo que viví en la fe! He regresado varias veces, entre ellas en el año 2000, donde, al día siguiente de mi llegada a Lourdes, depositaba en el tronco de san Antonio de la iglesia parroquial, mi última novena a san Antonio para pedirle no algo que había perdido, sino para encontrar el amor, alguien con quien pudiera fundar una familia y criar a mis hijos en la fe. No importaba de dónde viniera ni lo que haría en la vida, solo quería que fuera creyente. Volví a casa llena de esperanza, pero sin el amor esperado. Al año siguiente, sentí la llamada a bañarme en las piscinas y a ponerme al servicio de los enfermos. Cosas que parecían extrañar a mis seres queridos, ya que todo lo que se refería al cuidado de los enfermos me asustaba, así como bañarme en un agua donde todos habían pasado otros antes que yo.

Entré en la Hospitalidad de la Suiza francesa en 2001. Al día siguiente de nuestra llegada a Lourdes, me dirijo a las piscinas y realizo el gesto pedido por María. Aunque he amado a mis padres desde siempre, nunca he sentido un amor tan grande envolverme, consolarme y perdonarme. En aquel momento sentí que había realizado lo que María pedía a Bernardita, ese mensaje dirigido a toda la humanidad: «Penitencia, penitencia, rezad por la conversión de los pecadores». Tenía que dejar que me limpiaran de todo lo que estaba mal en mi vida. Años más tarde me di cuenta de que lo que sentía era la misericordia de Dios por mí.
Salí de las piscinas llorando, no podía parar. Mi madrina me da en ese momento el rosario de mi abuela María, que había fallecido, y voy a confesarme. Ahora entiendo que ese baño era también un recuerdo de mi bautismo, que me permitía renacer una y otra vez a la vida nueva, ¡con María!
Al final de la semana de peregrinación conocí al que iba a ser mi marido y padre de nuestros tres hijos. También él se había bañado en las piscinas el mismo día que yo y a la misma hora… pero aún no nos conocíamos… a pesar de que hemos trabajado en la misma planta del Accueil Notre-Dame durante toda la semana. Cada uno de nosotros debía hacer lo que Cristo nos pedía y dejarnos “renovar” el uno para el otro, por él, antes de encontrarnos. Mi futuro marido era un farmacéutico peregrino, llamado una o dos semanas antes, para reemplazar a alguien. Vivía a cuatro horas de mi casa, en una región de habla italiana, nada fácil para mí, que estaba muy apegada a mi familia, pero el Señor me había escuchado, ¡porque era creyente!
No fue fácil dejar a mis seres queridos, mi región, mi lengua materna después de casarnos. Seguir a Cristo no es siempre fácil, pero si es su voluntad, es preciso abandonarse a él totalmente y despojarse de todos los miedos, porque sólo él sabe lo que es bueno para nosotros, ¡Y nos llena de felicidad en todas las pequeñas cosas de la vida! ¡Y mi marido era lo que yo necesitaba!
He recibido tantas gracias en Lourdes: mi marido, mis hijos y todo lo que esto conlleva. Nací de Lourdes y también mi familia. Esperé 16 años para volver, no es que no quisiera volver, pero la vida me hizo tener que esperar. El año pasado, antes de morir mi madre me preguntó si volvería. Le dije: «¡Sí, por supuesto!». Era entonces para mí una evidencia volver a Lourdes, trayendo a nuestros tres hijos, respondiendo así a la llamada que María me había hecho a través de mi madre, ¡y haciendo así que los niños descubrieran el lugar de donde también nacieron! El segundo nació el mismo día que santa Bernardita, el 7 de enero… ¡Gracias María!»

Danielle (Suiza francesa)

Bernardita dijo…

Despertada antes de las 4 de la mañana el 25 de marzo de 1858, Bernardita pide a su familia que se de prisa si quieren acompañarla. Estos se preocupan por el asma que últimamente ha vuelto con fuerza: «¡Espera a que salga el sol! – No, tengo que ir y rápidamente». No se advierte a nadie, la familia Soubirous piensa estar tranquila. ¡Sorpresa! Hay gente. La fiesta de la Anunciación ha suscitado un gran fervor. Se han congregado un centenar de personas. El comisario también está allí. La muchacha vestida de blanco es fiel a la cita que fijó para Bernardita sola. Durante las tres semanas de ausencia, Bernardita había estado ensayando mentalmente una bonita frase: «Señorita, ¿tendría la bondad de decirme quién es, por favor?» La «señorita» sonríe pero permanece en silencio. Bernardita insiste y vuelve a realizar su pregunta. A la cuarta ocasión, la Señora deja de sonreír. Cambió el rosario, llevándoselo al brazo derecho. Sus manos se separaron y las extendió con las palmas hacia el suelo. Con un movimiento acompasado, juntó luego las manos a la altura del pecho, levantó los ojos al cielo y dijo: «Que soy era Immaculada Councepciou» (Yo soy la Inmaculada Concepción). Después de dejar como regalo la vela en la gruta, Bernardita sale corriendo repitiendo en voz baja la frase que no entiende y que va a hacer tambalearse al P. Peyramale cuando se lo dice.
(Laurentin, Bernadette vous parle, pp. 133-134)

El 4 de agosto ya no es una fecha fatídica

De peregrinación a Lourdes con su esposa el verano pasado, Donato, nos confía que hasta una cierta peregrinación a Lourdes en 1965 nunca había rezado. Sin embargo, dos acontecimientos importantes en su vida debían dejarle entrever el amor de Dios.

El 4 de agosto de 1945 tiene apenas 11 años. La guerra sigue en auge en Europa. Recoge una granada que explota en su mano. La Providencia pone en su camino a un cirujano especialmente talentoso al que tiene que agradecer que hoy su mano derecha, con sólo cuatro dedos, funciona perfectamente aunque sin el dedo índice. El 4 de agosto de 1962, debe pintar un poste eléctrico que soporta líneas de alta tensión. La corriente debía estar apagada durante su intervención. Un fallo en la transmisión de las instrucciones conduce al drama. La electricidad se restableció mientras Donato tenía los pies sobre dos líneas. Una descarga de 20.000 voltios irradia su cuerpo pulverizando su rótula derecha, quemando la pierna, el torso, terminando en la parte superior del cráneo que se abre. Tiene una caída de seis metros. Nadie cree que pueda sobrevivir. Está quemado al 70%. Pero está vivo. Los médicos tratan lo más urgente para salvarlo y dejan de lado momentáneamente su rodilla que le hace sufrir atrozmente. Después de tres años de hospitalización se ocupan por fin de su pierna. La infección ha causado daños irreversibles. Rechaza la amputación. Le bloquean la articulación. El dolor es omnipresente.
Su esposa, Gaetana, siempre había rezado a María por él. En septiembre de 1965, aceptó acompañarla a Lourdes. Por la noche, en el momento de seguir la procesión de las antorchas, el dolor en su pierna es tal que debe renunciar a ella. Gaetana lo deja cerca de las fuentes, después de aplicar sobre su rodilla compresas empapadas de agua de la Gruta. A la mañana siguiente puede seguir todas las etapas de la peregrinación sin sufrimiento alguno. Guarda las cicatrices en su cuerpo que le recuerdan que ha sido privilegiado por lo menos por dos gracias. Durante mucho tiempo la víspera del 4 de agosto le había angustiado. Hoy sabe que María vela por él y por su familia. Ha querido volver este año de peregrinación a Lourdes para darle las gracias.

Donato (Italia)

Habéis recibido una gracia vinculada con Lourdes, escribidnos : temoignage@lourdes-france.com

¡Mi hermano se está volviendo más religioso que yo!

Vine de peregrinación a Lourdes el año del jubileo de la misericordia, en 2016. Estaba viuda desde hacía 8 años y me acompañaba mi hijo menor. Le explico que Dios misericordioso nos perdona tanto nuestros pecados como los de los difuntos y que, como explicó el Santo Padre, al final de este sencillo recorrido, Dios libera también de las consecuencias negativas de los pecados cometidos por los difuntos por los que se reza. Así que le propongo que rece por su papá, por mí y por mi padre, que era alcohólico. En aquel momento, yo ya rezaba por mi hermano también bajo la influencia del alcohol desde hacía muchos años y de la cual nada ni nadie había podido sacarlo. Apenas 15 días después de que finalizara ese Año Santo, apenas habíamos terminado el camino de la misericordia propuesto en Lourdes, mi hermano es víctima de un accidente de carretera. Mientras estaba dando vueltas de campana oye en su corazón a Dios pidiéndole que deje de beber. Estaba viviendo en una gran miseria. Primero se dejó ayudar con un tratamiento médico. Muy pronto pidió perdón a su compañera y a su hijo, que vieron una verdadera conversión. Rezaba todos los días. Deseó ardientemente encontrar a Jesús en la misa y recibir el sacramento de la reconciliación. ¡Hoy es más creyente que yo! Todos los hermanos nos estamos transformando en profundidad. ¡Porque hemos descubierto a otro hombre, otro hermano! Gracias, Nuestra Señora de Lourdes, porque siempre intercedes ante tu Hijo y nos guías hacia Dios misericordioso.

Marie-Hélène (Francia)

El vínculo del corazón

Léontine Douissard, nacida en 1921, no faltaría por nada en el mundo a su cita anual con Lourdes: «Amo a la Santísima Virgen y amo a santa Bernardita. Siempre espero mi peregrinación con impaciencia». Así, cada año indefectiblemente desde 1976, esta «casi centenaria» responde a la llamada de Nuestra Señora, incluso después del fallecimiento de su esposo Gabriel. Habitante de San Mauricio (Francia), un pequeño municipio situado cerca de la ciudad de Clermont-Ferrand, a lo largo de toda su vida activa, Léontine mantuvo el café-bar-restaurante de su pueblo, junto con su marido. Tiene tres hijos, Jean, Daniel y Josiane. La acompaña esta última para que pueda volver cada año a Lourdes. Nos dice: «¡Mamá teje mantas para los peregrinos enfermos!» El vínculo que une a Léontine con la Gruta es también el de la fraternidad y el don de sí con fidelidad.
El vínculo del corazón.
Registrado por Laurent Jarneau

Bernardita ha venido a mí

«Dios les pague por el regalo de nuestra hermana Bernardita…especialmente para mí porque cada año hago el stage con las Hermana de Marie Saint Frai. Este año por temas de salud y providencia de Dios nuestro Señor no pude viajar… decirles que les echo de menos y que si Dios tiene en sus designios de volver el año que viene nos veremos»

Joselyn Ibarra (España, de la diócesis de Terrasa que ha recibido las reliquias de santa Bernardita del 3 al 6 de noviembre de 2019)

María escucha nuestra oración

Plegaria hecha realidad

Como no podía tener hijos, mi madre fue a rezar a la Santísima Virgen María de Lourdes. Había expresado el deseo de tener una hija. Nueve meses después, daba a luz a gemelas: Bernadette y Genevieve. Soy una de ellas.

¡Recen por mí!

Vine a Lourdes el pasado 24 de agosto. Fue un momento mágico, inolvidable. Necesito muchas oraciones en este momento. Recen por mí. Se lo agradezco de todo corazón.
Valérie (Francia)

¡Gracias TV Lourdes!

Al no haber podido asistir a la peregrinación de Lourdes con la diócesis de Saint-Brieuc, había podido estar cerca de los peregrinos gracias a la aplicación TV Lourdes y quiero decir cuánto lo he apreciado. Incluso enferma y muy lejos de Lourdes, sentí que tenía mi lugar junto a los peregrinos y amigos de mi diócesis, con quienes pude compartir en directo muchas ceremonias. ¡Qué gran iniciativa han tomado al crear TV Lourdes!
Les agradezco y aseguro mi fidelidad a la vida del Santuario gracias a este magnífico medio de comunicación.
Maryvonne (Francia)