Fiesta de la Inmaculada Concepción

Publicado 18 noviembre 2020 - 11:00

La Inmaculada Concepción significa que María, Madre de Dios, fue preservada del pecado desde el primer instante de su concepción en el vientre materno. El papa Pío IX proclamó el dogma en 1854, es decir, cuatro años antes de que la «Bella Señora» de Massabielle se presentara con ese nombre el 25 de marzo de 1858 a Bernardita Soubirous: «Que soy era Immaculada Councepciu» (Yo soy la Inmaculada Concepción, dicho en la lengua que hablaba Bernardita).

Programa de las celebraciones de la solemnidad de la Inmaculada Concepción

Pueden seguirlo en directo por TV Lourdes

Lunes 7 de diciembre
20.00 : Oración mariana de las antorchas

Martes 8 de diciembre
10.00 : Misa internacional y homenaje floral en la Gruta,
presidida por Mons. Antoine Hérouard, delegado apostólico para el Santuario de Lourdes.

15.30 : Rosario
16.00 : Vísperas    
16.30 : Bendición del Santísimo Sacramento
18.00 : Rosario      
20.00 : Oración mariana de las antorchas

¿Qué significa: Inmaculada Concepción? 

Según la fe católica, se proclama que María fue concebida sin el pecado original. Unos veinte años antes de la proclamación del dogma por el papa Pío IX en 1854, la Virgen María había dado a la Iglesia a través de santa Catalina Labouré la oración: «Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos».
El 8 de diciembre de 1854, el Papa proclamó: «La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado desde el primer momento de su concepción».
La Iglesia propone así a sus miembros que contemplen en María el perfecto éxito de la humanidad como la quiere Dios. Esta fiesta se celebra el 8 de diciembre.
«En el Evangelio de hoy resuena el saludo del Ángel a María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1, 28). Dios siempre ha pensado en ella y la ha querido, para su plan inescrutable, como una criatura llena de gracia, es decir, llena de su amor.

Así, en perfecta sintonía con el designio de Dios sobre ella, María se convierte en la “más bella”, en la “más santa”, pero sin la más mínima sombra de complacencia. Es humilde. Ella es una obra maestra, pero sigue siendo humilde, pequeña, pobre. En ella se refleja la belleza de Dios que es todo amor, gracia, un don de sí mismo» (Papa Francisco, 8 de diciembre de 2019).

Lourdes y la Inmaculada Concepción

Desde el final de la aparición del 25 de marzo de 1858, Bernardita va de la Gruta a la casa del Sr. Cura: quería decir al párroco, el P. Marie-Dominique Peyramale, el nombre que la Señora le había dado y que no entendía. En el camino repite las palabras para no olvidarlas. Al entrar en la rectoría, dice «Que soy era Immaculada Councepciou» en dialecto bigurdan (Yo soy la Inmaculada Concepción). El P. René Laurentin, historiador de Lourdes, cuenta la reacción del párroco: «El P. Peyramale, esa gran roca se tambalea con el choque, pierde el equilibrio. El arma de su autoridad que ejerce al servicio del bien, le abandona. Desde las profundidades de su corazón y de su pecho, una marea se ha elevado, abrumándolo. Lo que se eleva son sollozos… ». Fue ciertamente en ese momento cuando el párroco de Lourdes se convenció de la autenticidad de las apariciones de la Virgen a Bernardita.